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Un pacto de Estado para comunicar el monte antes de que vuelva a arder. Por Arturo Larena

Mientras España vuelve a mirar al monte porque arde, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿por qué solo hablamos de nuestros bosques cuando están envueltos en llamas?

El pasado 14 de julio, durante la presentación en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del número 41 de la revista Mediterráneo Económico, de la Fundación Cajamar dedicado a El sector forestal y la gestión del monte en España, una de las ideas que sobrevoló el debate fue tan evidente como olvidada: España necesita comunicar mejor sus montes.

Aquel encuentro tuvo lugar pocos días después de la tragedia de Los Gallardos y antes de la sucesión de Grandes Incendios Forestales que han vuelto a situar al país en emergencia. La realidad, una vez más, se adelanta al debate.

La publicación, impulsada por la Fundación Cajamar y coordinada por Francisco Carreño y Asunción Cámara, ofrece una visión integral del sector forestal español y aborda –entre otros temas- una cuestión demasiado tiempo relegada: la comunicación como herramienta estratégica de gestión del riesgo.

Durante décadas hemos construido un relato profundamente incompleto sobre los incendios forestales. Los medios informamos con intensidad cuando las llamas avanzan, cuando amenazan poblaciones o cuando las imágenes son espectaculares.

Pero apenas hablamos del monte el resto del año. Apenas explicamos qué significa gestionar un bosque, por qué los incendios se apagan en invierno, cómo influye el abandono rural o de qué manera la crisis climática multiplica la intensidad y la velocidad de propagación de los fuegos de nueva generación.

Los profesionales forestales llevan años repitiendo la misma idea: los incendios se apagan en invierno. No es un eslogan, sino una realidad técnica. Sin embargo, ese conocimiento sigue sin formar parte de la cultura política ni del debate público.

Regla de los tres treinta

Al mismo tiempo, los incendios ya no responden al comportamiento que conocíamos hace apenas unas décadas. La crisis climática está alterando las condiciones de propagación del fuego y haciendo cada vez más frecuente la conocida regla de los tres treinta: temperaturas superiores a los 30 grados, humedad relativa inferior al 30 % y vientos de más de 30 kilómetros por hora.

Cuando estos tres factores coinciden (y ahora suele producirse mucho más frecuente y con cifras más extremas), el riesgo de incendios extremos aumenta de forma exponencial. Hoy esa combinación se produce con mayor frecuencia, durante más días al año y en territorios donde antes era excepcional, favoreciendo incendios de comportamiento explosivo y muy difíciles de controlar.

Lo hemos visto en Hawái, California, Grecia, Portugal, Francia y, cada vez con mayor frecuencia. España como país mediterráneo (una de las zonas más afectadas por la crisis climática) no es una excepción.

La combinación de fenómenos meteorológicos extremos asociados a la crisis climática, el abandono de amplias superficies forestales, la acumulación de combustible vegetal y la creciente ocupación de la interfaz urbano-forestal configura un escenario completamente distinto al del siglo pasado.

No basta con mejorar los medios de extinción. Tampoco con incorporar más tecnología o reforzar los dispositivos de emergencia. Es imprescindible adaptar nuestros montes a la nueva realidad, mejorar la gobernanza del riesgo forestal, y la comunicación forma parte inseparable de esa gobernanza.

Hace más de quince años (2010) impulsamos desde EFEverde (junto con Juan María Calvo y José Luis Fernández Checa) un proyecto LIFE sobre gobernanza y comunicación ambiental aplicada a los incendios forestales. La propuesta no prosperó en la Unión Europea, pero el diagnóstico sigue plenamente vigente. Quizá hoy resulte incluso más urgente que entonces, pues el problema ya afecta a países de la Unión, donde antes los incendios o las olas de calor eran una rareza.

Durante todos estos años he participado en innumerables congresos, jornadas y foros especializados. En todos ellos se ha insistido en la necesidad de acercar el conocimiento científico y técnico a la ciudadanía y a quienes toman decisiones. Sin embargo, esa transferencia continúa siendo claramente insuficiente.

En un ecosistema dominado por las redes sociales, la polarización, la desinformación y el negacionismo climático, los bulos sobre los incendios circulan mucho más deprisa que las explicaciones rigurosas.

Pacto de Estado por la Comunicación Forestal

Por eso resulta especialmente relevante la aportación del periodista ambiental Ismael Muñoz Linares sobre la comunicación forestal como oportunidad estratégica en la reciente publicación de la Fundación Cajamar.

Si España reclama un Pacto de Estado frente a la crisis climática y los grandes incendios, ese acuerdo debe incorporar también un verdadero Pacto de Estado por la Comunicación Forestal, capaz de integrar la información especializada sobre la materia como herramienta de prevención, adaptación y protección civil.

Ese pacto debería sustentarse, al menos, en cuatro pilares.

El primero, formación especializada para periodistas y profesionales de la información. Informar sobre incendios exige conocimiento técnico, rigor y responsabilidad.

El segundo, formación básica para responsables y líderes políticos. En una emergencia, una declaración precipitada o técnicamente incorrecta puede alimentar la desinformación e incluso comprometer la seguridad de la población y de los equipos de intervención.

El tercero, campañas permanentes de alfabetización forestal dirigidas a la ciudadanía. El monte no puede existir en nuestro imaginario únicamente cuando arde.

Y el cuarto, consolidar estructuras estables de comunicación forestal que trabajen durante todo el año e integren a administraciones, científicos, gestores forestales, servicios de emergencia/extinción y medios de comunicación.

Desde el periodismo ambiental y de emergencias sabemos que la buena comunicación ayuda salva vidas. Ayuda a que nadie se acerque a una zona de riesgo buscando imágenes espectaculares, facilita que la población comprenda las órdenes de evacuación y contribuye a construir una cultura de autoprotección que será cada vez más necesaria.

Frente a incendios de sexta generación no podemos responder únicamente con más helicópteros o más aviones. Necesitamos más conocimiento, más prevención, más adaptación, mejores condiciones laborales para quienes combaten el fuego, mas consenso pensando en los ciudadanos y menos en los votos y una comunicación mucho más eficaz.

El verdadero reto no consiste únicamente en extinguir el próximo gran incendio.

Necesitamos una sociedad que comprenda cómo funciona el monte antes de que vuelva a arder y que sea capaz de distinguir entre la evidencia científica y el negacionismo que intenta desacreditarla.

Ese es, probablemente, el cortafuegos más importante que aún nos queda por construir.

Arturo Larena es periodista ambiental y exdirector de EFEverde

Para saber más: https://publicacionescajamar.es/wp-content/uploads/2026/07/ME41_FINAL_WEB.pdf

 

Arturo Larena es periodista ambiental, embajador del Pacto Climático de la UE y miembro del Consejo Asesor de Fundación Moeve.

 

Ilustración de Juan López Rico.

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».