El océano no cabe dentro de una piscina. Y una orca tampoco. Por Olivia Mandle

Y, sin embargo, en pleno 2026 seguimos trasladando cetáceos de un parque a otro mientras hablamos de conservación, educación y bienestar animal.

La decisión de trasladar orcas desde Marineland Antibes a Loro Parque no es solo una noticia sobre animales marinos. Es una muestra más de la relación tan rota que seguimos teniendo con la naturaleza en pleno 2026.

Durante años, Europa ha intentado proyectar una imagen de avance ético respecto al cautiverio de cetáceos. Francia aprobó en 2021 una ley para poner fin progresivamente a los espectáculos con delfines y orcas y prohibir su reproducción en cautiverio. Muchos celebramos aquella decisión como un paso histórico. Yo misma lo hice. Pero hoy, sinceramente, retiro esos aplausos.

Porque aprobar una ley no es simplemente escribir unas palabras sobre un papel. Una ley implica responsabilidad, recursos, planificación y ética. Significa crear estructuras reales para que aquello que prometes pueda cumplirse pensando verdaderamente en los animales y no en la imagen política de un país.

Y, sin embargo, Francia ha tenido cuatro años para desarrollar un plan serio, científico y ético para el futuro de estas orcas. Cuatro años para reunir a expertos independientes, científicos marinos, especialistas en comportamiento animal y organizaciones que llevan décadas estudiando cetáceos en libertad. Cuatro años para construir una alternativa que estuviera realmente a la altura del cambio histórico que anunciaban.

Pero hoy la sensación es otra.

Traslado a España

La sensación es que Europa no está terminando con el cautiverio. Solo lo está trasladando de un lugar a otro.

Y España vuelve a convertirse en el destino elegido. El país con más cetáceos en cautiverio de toda la Unión Europea. La mayor prisión de delfines y orcas de Europa.

Como activista, como estudiante de Biología Marina y Oceanografía, y como miembro de Dolphinaria-Free Europe, puedo asegurar que existen numerosos científicos y expertos de primer nivel dispuestos a desmontar, con evidencia científica, gran parte del relato que esta industria lleva décadas construyendo alrededor del cautiverio. Porque no hablamos únicamente de emociones. Hablamos de ciencia. Y además, de una ciencia independiente, libre de intereses económicos y de discursos creados para justificar el entretenimiento animal.

Hoy sabemos que las orcas poseen estructuras sociales extraordinariamente complejas, vínculos familiares profundos y formas de comunicación que todavía seguimos intentando comprender. Sabemos que recorren enormes distancias en libertad, que viven dentro de estructuras familiares complejas y desarrollan hábitos propios, y que dependen de relaciones sociales estables durante toda su vida.

Y aun así seguimos defendiendo piscinas de hormigón como si pudieran sustituir un océano.

Educación no es encierro

La industria insiste en hablar de educación, conservación e investigación, pero debemos empezar a preguntarnos con honestidad qué tipo de educación estamos ofreciendo cuando normalizamos que un animal salvaje viva encerrado para entretenernos.

Porque la diversión basada en el encierro de un ser vivo no debería formar parte de la educación de ningún niño.

Por eso quiero hacer también un llamamiento a las escuelas, profesores y familias. Llevar a niñas y niños a delfinarios no es acercarlos a la naturaleza. Es enseñarles que el sufrimiento animal puede convertirse en espectáculo si existe una entrada de por medio.

Y me preocupa especialmente el discurso de la “conservación”. Porque si un animal no se encuentra en peligro de extinción, ¿qué sentido tiene seguir mantenerlo en cautiverio incluso reproduciéndolo en cautiverio bajo esa excusa?

Aquí aparece una de las partes más incómodas de esta historia: la reproducción forzada en cautiverio.

Porque el verdadero drama no es únicamente encerrar animales salvajes. El verdadero drama es normalizar que nazcan, vivan, sean utilizados para reproducirse y mueran entre paredes de hormigón. Utilizar sus cuerpos para perpetuar generaciones enteras nacidas ya dentro del negocio. Orcas que heredarán el encierro incluso antes de nacer.

No estamos hablando de conservación. Estamos hablando de continuidad empresarial.

Campaña #NoEsPaísParaDelfines

No lucho desde la ingenuidad. Mi campaña #NoEsPaísParaDelfines nunca ha trabajado pensando mágicamente en “salvar” a todos los cetáceos cautivos actuales. Lucho para romper el ciclo. Para que las futuras generaciones no nazcan ya condenadas a vivir encerradas. Para que ningún cetáceo vuelva a venir al mundo destinado a actuar, reproducirse y morir lejos del océano.

Y resulta imposible ignorar que detrás de todo esto existe una industria multimillonaria.

Una industria que ha perfeccionado durante décadas un lenguaje emocional y aparentemente científico para justificar lo injustificable. Un negocio que convierte animales extremadamente inteligentes en atracciones turísticas mientras intenta convencer al ciudadano de que aquello ocurre por amor a la naturaleza.

Pero si realmente habláramos de ciencia, de conservación y de respeto, gran parte de esos recursos económicos podrían destinarse a investigación marina independiente, protección de ecosistemas, rescate de fauna, educación ambiental real o proyectos de conservación in situ.

No necesitamos más piscinas. Necesitamos más océano protegido.

También quiero dirigirme a las agencias de viajes, operadores turísticos y plataformas que siguen promocionando estos lugares como experiencias familiares o educativas. El turismo del futuro no puede construirse sobre el sufrimiento animal maquillado de entretenimiento.

Y, por supuesto, quiero dirigirme también al ciudadano. Porque mientras sigamos pagando entradas, el negocio seguirá existiendo.

Nuestro silencio, nuestra comodidad y nuestra inacción nos convierten en cómplices.

La humanidad se encuentra en un momento decisivo respecto a su relación con la naturaleza. Y creo profundamente que debemos cambiar esa relación de una basada en la explotación a otra basada en el respeto.

Llamamiento al Gobierno de España

Me gustaría pedir al Gobierno de España que reflexione profundamente antes de autorizar o consolidar este traslado. Y si ya se ha tomado esa decisión, que todavía tenga la valentía de replanteársela. Porque las decisiones políticas también definen quiénes somos y qué valores queremos defender como país.

Y sinceramente, me cuesta entender cómo hemos llegado hasta este punto como sociedad. Cómo seguimos justificando que animales tan inteligentes, sociales y emocionalmente complejos continúen viviendo encerrados para nuestro entretenimiento. Cómo todavía hay personas que ven normal que una orca nazca, viva, sea forzada a reproducirse y muera sin conocer jamás lo que significa el océano en libertad.

Porque no estamos hablando de piscinas más grandes o más pequeñas. Estamos hablando de libertad, de dignidad y de respeto hacia seres vivos con los que compartimos este planeta.

A veces pienso que dentro de unos años miraremos atrás y no entenderemos cómo fuimos capaces de normalizar todo esto. Cómo aplaudíamos espectáculos mientras detrás existían estrés, separación familiar, reproducción forzada y generaciones enteras condenadas a no conocer nunca el océano.

Yo sigo creyendo en la esperanza. Pero en una esperanza vinculada a la acción, a la educación y a la capacidad humana de evolucionar. Porque evolucionar debería significar justamente eso: aprender, comprender y decidir hacerlo mejor.

Ojalá algún día dejemos de medir nuestro poder por nuestra capacidad de dominar la naturaleza y empecemos a medirlo por nuestra capacidad de respetarla. Porque hay libertades que jamás deberían habernos parecido negociables.

 

Olivia Mandle es activista ambiental, defensora de los derechos de los animales y EU Climate Pact Ambassador.

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.

 

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)

Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».