Con frecuencia me preguntan si son útiles las COP del Clima de Naciones Unidas. La respuesta, como en casi todo lo que tiene que ver con medio ambiente, no es rotunda: en negociación climática las cosas no son ni blancas ni negras. En todas se producen avances, pero el problema está en el ritmo.
Una negociación que llega tarde
La negociación sobre el clima, en su vertiente política, económica y social, avanza con una lentitud que contrasta con un desafío que ya es el mayor al que la humanidad se enfrenta como especie.
Seguimos tratando de progresar en la descarbonización pese a que han pasado 31 años desde la aprobación de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), en 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. Además, han transcurrido 28 años desde la COP1 de Berlín (1995) y seguimos dialogando.
La COP28, examen al Acuerdo de París
La vigésimo octava COP del clima se celebra siete años después de la aprobación del Acuerdo de París y se perfila como la cumbre más importante desde entonces. No en vano, toca revisar su cumplimiento —algo que, según el informe de la ONU del pasado septiembre, resulta decepcionante— y medir el grado de ambición y compromiso de los países firmantes.
A día de hoy, los compromisos nacionales (las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional o NDC, en la jerga climática) son insuficientes para alcanzar el objetivo de que la temperatura media no aumente 1,5 ºC.
Impactos que no distinguen fronteras
Y mientras, los fenómenos meteorológicos adversos se intensifican: sequías, lluvias torrenciales, incendios de sexta generación, olas de calor… y afectan por igual a países ricos y en desarrollo. Libia, Grecia, España, Francia, Italia, Estados Unidos, Canadá, Pakistán, los países centroamericanos… la lista es interminable.
El propio secretario general de la ONU, António Guterres, ha endurecido su mensaje con afirmaciones como “hemos abierto las puertas del infierno” o “la era del calentamiento global ha terminado, y hemos entrado en la de la ebullición global”.
Nos afecta a todos, convencidos y escépticos, incluso a quienes llevamos años informando sobre estas cuestiones. Mi vivienda resultó inundada con más de un metro de agua en la pasada DANA del 3 de septiembre, cuando cayó una cantidad extraordinaria durante un largo periodo de tiempo en una zona donde ese régimen de precipitaciones no es habitual.
Más conciencia, más responsabilidad
En paralelo, ha aumentado el grado de conciencia social sobre la gravedad del problema. La crisis climática forma parte de la agenda informativa, política, económica y social… y en parte se debe a la labor del periodismo ambiental.
¿Pero lo estamos haciendo bien? Esta es una de las preguntas que se plantearon en San Millán de la Cogolla en el XVI Seminario de Lengua y Periodismo, organizado por la Fundación San Millán y Fundéu RAE (en la que participan la Real Academia y la Agencia EFE). En su clausura, la reina Letizia dijo haber detectado “cierto descreimiento” en la sociedad respecto al cambio climático y todo lo que implica.
“Todos sabemos lo que es”, pero “siento que el ciudadano, a veces, se pierde”, apuntó la reina en este foro, en el que lingüistas, científicos, activistas, juristas y medios de comunicación planteamos la necesidad de transmitir, sin paños calientes, la gravedad de los impactos del cambio climático.
Claridad, ciencia y soluciones
Hay que hacerlo con claridad, con pluralidad de fuentes y bajo el paraguas de la ciencia. Hay que combatir la creciente desinformación ambiental y climática, mostrar las soluciones y avanzar en el empleo de expresiones que reflejan la situación actual: crisis climática o emergencia climática.
Hoy tenemos una sociedad más concienciada sobre los problemas ambientales, la crisis climática y la crisis de biodiversidad, en parte gracias al trabajo de los medios de comunicación. Por eso, un año más, los periodistas hemos vuelto a cubrir la Cumbre del Clima.
Los periodistas ambientales seguimos a negociadores, jefes de Estado y de Gobierno, pero también a investigadores, ONG de defensa ambiental, empresas… y contamos aquellos aspectos menos conocidos de una conferencia multilateral cargada de intereses políticos y económicos.
El titular de la COP28 todavía no está escrito y no tiene por qué ser negativo. Aún hay esperanza y, para contarla, necesitamos más periodismo ambiental.

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
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