© Arturo Larena

Optimismo socioambiental, la revolución necesaria. Por Arturo Larena

Recientemente he tenido la oportunidad de asistir a dos actos que ponen de manifiesto que las cosas en materia socioambiental se pueden hacer de otra manera. Dos encuentros muy distintos en su formato, pero profundamente conectados por una misma mirada: la necesidad de impulsar una nueva cultura económica y social basada en la sostenibilidad, la cooperación y el compromiso colectivo.

Asistir a la presentación del libro La economía de la abundancia, de Jorge Neri (Ed. Rigden), y participar después en la entrega de los Premios Optimistas Comprometidos ha sido dos de esas experiencias que reconcilian con la conversación pública. En tiempos dominados por el ruido, el pesimismo y la urgencia permanente, escuchar propuestas que ponen el foco en la abundancia —de talento, de innovación, de cooperación y de oportunidades— resulta casi contracultural.

La presentación del libro no fue únicamente un acto literario. Fue una invitación a reflexionar sobre el modelo de sociedad que queremos construir. Neri plantea en sus 250 páginas una visión económica donde el crecimiento no se mide solo en cifras, sino también en capacidad de generar bienestar compartido, regeneración social y equilibrio ambiental. Una economía que no nace de la resignación ante la escasez, sino de la confianza en la creatividad humana, en la innovación consciente y en la responsabilidad colectiva.

Su propuesta conecta con la idea cada vez más necesaria, de que el futuro económico no puede desligarse del impacto social y medioambiental de nuestras decisiones, además de dedicar un interesante y necesario capítulo a la comunicación como clave del cambio. No en vano es editor de Cambio 16 y ha implementado un cambio fundamental en su línea editorial para convertir la revista en elemento clave de la transición ecológica.

Ese mismo espíritu estuvo presente en los XII Premios Optimistas Comprometidos, organizados por la revista Anoche Tuve Un Sueño, dirigida por Julia Higueras. Unos galardones que reconocen a personas y proyectos que trabajan para transformar la realidad desde una mirada constructiva, ética y valiente. En un contexto donde tantas veces se destaca la confrontación, la polarización o el impacto inmediato, celebrar el compromiso y el pensamiento sostenible tiene un enorme valor.

Además tuve el honor de presentar, junto a la periodista y amiga Isabel Rivadulla, la categoría de Pensamiento Sostenible. Fue un momento especialmente emocionante porque la sostenibilidad ya no puede entenderse como una cuestión periférica o exclusivamente ambiental vacía de contenido. Hablar hoy de pensamiento sostenible es hablar de decisiones responsables, de largo plazo, de liderazgo consciente y de la necesidad de construir relatos positivos que sumen progreso, innovación, pensamiento crítico y humanidad.

Lo más interesante de ambos encuentros fue comprobar que existe una creciente red de personas, empresas y organizaciones que ya están impulsando esta transición cultural. Una transición que entiende que la competitividad del futuro dependerá tanto de la capacidad tecnológica como de la capacidad de generar cohesión social, confianza y propósito. Frente a modelos económicos basados exclusivamente en la rentabilidad inmediata, emergen nuevas voces que reivindican conceptos como regeneración, economía circular, impacto positivo o bienestar colectivo.

La noche dejó una idea clara: el optimismo no es ingenuidad. Es una forma de compromiso, un compromiso que, desde mi jubilación, sigo tratando de impulsar con buenas noticias ambientales, que también las hay. Pero todo ello requiere trabajo, visión y la voluntad de seguir creyendo que existen alternativas mejores.

Frente al cinismo y la resignación, actos como estos recuerdan que todavía hay personas, como Julia o Jorge, empeñadas en pensar, crear y actuar para hacer posible una sociedad más equilibrada, más innovadora y también más humana.

Quizá una de las grandes tareas pendientes consista precisamente en eso: recuperar la capacidad de imaginar futuros mejores y construirlos desde la responsabilidad compartida.

Arturo Larena es periodista ambiental y exdirector de EFEverde

Porque las transformaciones verdaderamente profundas no comienzan únicamente en los grandes discursos políticos o económicos, sino también en los espacios donde cada persona genera nuevas conversaciones, nuevas alianzas y nuevas maneras de entender el progreso con solidaridad y optimismo.

 

Arturo Larena es periodista ambiental y embajador del Pacto Climático de la UE.

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».