Necesitamos un portavoz de los océanos entre los asistentes a la COP15. Por (*) Solomon Pili Kaho’ohalahala y Douglas Neasloss

Publicado por: Redacción EFEverde 13 de diciembre, 2022

Somos dos líderes indígenas de orillas opuestas del Pacífico Norte: uno del pueblo Kitasoo Xai'xais de Klemtu, en el corazón del Bosque del Gran Oso, en la Columbia Británica (Canadá), y otro de Maui Nui, el centro de las travesías hawaianas que conecta , el reino de los espíritus, con Ao, el reino de la humanidad. A pesar de la distancia que nos separa, nos une nuestra pasión por el océano.

Durante esta semana, tenemos todas las esperanzas puestas en los líderes mundiales que se reúnen en Montreal con motivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, también conocido como la 15.ª Conferencia de las Partes (COP15). En ella, las naciones pretenden establecer un acuerdo para proteger y recuperar la biodiversidad global. En concreto, su objetivo es llegar a un acuerdo que garantice que el 30 % de la Tierra esté efectivamente protegida para que la naturaleza pueda seguir sustentando la vida en la Tierra.

Según el kumulipo, el canto hawaiano de la creación, los primeros seres vivos (como corales, erizos, algas, peces, aves marinas, tortugas marinas y medusas) procedían del océano antes de que pudiera prosperar vida alguna en tierra firme. En numerosas ocasiones, se suele hacer referencia a la Tierra como el planeta azul, y es que el océano alberga el doble de grandes grupos de especies que los que existen en tierra. De hecho, el plancton oceánico produce más de la mitad del oxígeno que necesitamos para respirar.

No obstante, ante el verde telón de fondo de Montreal, el azul corre de nuevo el riesgo de quedar relegado a un segundo plano. El océano suele ser una cuestión marginal en las reuniones y negociaciones internacionales, por lo que es posible que en la COP15 algunas naciones presionen para reducir el objetivo de protección del océano por debajo del 30 %. Esta devaluación del océano supondría una falta de respeto hacia los pueblos indígenas y resultaría contraria al lema de la conferencia, que pretende poner de manifiesto las labores de conservación lideradas por los pueblos indígenas de todo el mundo.

Mucho antes de que el mundo científico occidental se diera cuenta de cómo el cambio climático y la rápida disminución de la biodiversidad estaban alterando nuestro planeta, los líderes indígenas ya veíamos y sentíamos esos cambios. Siempre hemos sabido que la protección de los ecosistemas marinos era de vital importancia, y los pueblos indígenas costeros hemos cuidado de estas aguas desde tiempos inmemoriales.

Por esta razón, reivindicamos que el océano se haga oír en esta reunión y que los negociadores se comprometan a salvaguardar al menos el 30 % del océano mundial mediante áreas marinas protegidas (AMP) y otras zonas de conservación sólidas y eficaces donde no se lleven a cabo actividades perjudiciales para el medioambiente. Asimismo, sobra decir que dentro de la protección ha de incluirse la alta mar, las aguas situadas más allá del territorio de cualquier nación.

Los datos científicos nos han demostrado con creces que las AMP bien diseñadas, eficazmente gestionadas y rigurosamente protegidas son una de las mejores herramientas para conservar los ecosistemas, ayudarles a adaptarse al cambio climático y restablecer la salud de los océanos. Un ejemplo perfecto es el Monumento nacional marino Papahānaumokuākea, donde se ha demostrado que las protecciones permiten que haya más peces y vida marina, lo que permite repoblar las zonas cercanas y regenerar las poblaciones de peces mermadas.

La negociación del Marco Global para la Biodiversidad también debe respetar la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, que supone un reconocimiento de los profundos conocimientos y sabiduría de los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas atesoran conocimientos, conocimientos científicos y capacidades de comprensión que, más allá de ser valiosos, resultan vitales para la supervivencia de la Isla Tortuga y de la Isla Tierra. Según un estudio reciente, se estima que el 80 % de la biodiversidad restante se encuentra en tierras y aguas administradas por los pueblos indígenas, por lo que el mundo necesita más que nunca que los indígenas cuenten con un papel protagonista.

Las comunidades indígenas de todo el mundo ya han establecido Zonas Indígenas Protegidas y Conservadas y programas de guardianes para frenar en seco la crisis de la biodiversidad y aportar soluciones vitales para el clima. La AMP indígena Gitdisdzu Lugyeks, de reciente creación, fue autodeclarada por la Nación Kitasoo Xai'xais e incluye un seguimiento exhaustivo por parte de guardianes indígenas capacitados para hacer cumplir la ley y gestionar la zona. Asimismo, el pasado viernes, los representantes de las Primeras Naciones de Canadá y del Gobierno federal sentaron un nuevo precedente al anunciar el primer programa nacional de guardianes indígenas del mundo. Sin duda, este es el tipo de liderazgo que esperamos que se refuerce conforme avance el Marco Global para la Biodiversidad.

Conseguir un futuro azul y esperanzador es posible: según un reciente estudio internacional, si protegiéramos en mayor medida el 30 % del océano antes de 2030, podríamos restablecer la salud de los océanos tan pronto como en 2050. Dicho esto, hemos de hacer hincapié en que alcanzar un sólido Marco Mundial para la Biodiversidad (que incluya compromisos para lograr una protección significativa de al menos el 30 % del océano mundial mediante una asociación justa y equitativa con los pueblos indígenas) es el punto de partida, no el objetivo final. Cuando la COP15 llegue a su fin, deberá comenzar el verdadero trabajo para velar por el cumplimiento de estos compromisos. Así pues, se tendrá que detener e invertir el declive de la biodiversidad oceánica y restaurar la salud de los océanos, puesto que representa el legado para las generaciones venideras. Los pueblos indígenas ya estamos preparados para indicar el camino, pero el resto del mundo debe seguirnos.

 

(*) Solomon Pili Kaho'ohalahala es un descendiente de nativos hawaianos de séptima generación, los kupaʻāina, de la pequeña isla de Lānaʻi. Ejerce como sabio nativo hawaiano de Papahānaumokuākea en el Consejo Asesor de la Reserva y como presidente del Santuario Marino Nacional de Ballenas Jorobadas de las Islas Hawaianas. Fue elegido y sirvió en la Legislatura del Estado de Hawaiʻi durante cinco años y en el Consejo del Condado de Maui durante seis. En 2011, organizó y estableció el Área Gestionada Comunitaria Maunalei Ahupuaʻa Mauka-Makai para capacitar y empoderar a la comunidad, especialmente a los jóvenes de Lānaʻi. Su objetivo era que se convirtieran en administradores y guardianes de las aguas cercanas a la costa circundante, las tierras de arrecife de la cresta Mauka a Makai y los frágiles recursos naturales y culturales allí presentes.

 

(*) Doug Neasloss es el jefe electo del Consejo de la Nación Kitasoo Xai'xais y el director de la Custodia de la Nación. Bajo su mandato, los Kitasoo Xai'xais han demostrado un liderazgo y una innovación realmente remarcables en su papel de administradores y protectores de sus territorios. Sin duda, esta Nación atesora un dilatado historial como pionera en el campo de la administración indígena. Gracias a sus propios logros, los Kitasoo Xai'xais cuentan con una visión única de la custodia y ambiciosos objetivos de conservación. Entre ellos, se incluyen el aumento de la protección terrestre y marina, la mejora de los programas de investigación de la Nación sobre la vida salvaje y los ecosistemas y el incremento de la presencia de los Guardianes de la Conservación en los territorios de la Nación, que comprenden casi 4000 km2 en la costa central de la Columbia Británica.

 


 

We need a voice for the ocean in the room at COP15 

By Solomon Pili Kaho’ohalahala and Chief Douglas Neasloss

We are two indigenous leaders from opposite sides of the North Pacific: one from the Kitasoo Xai’xais village of Klemtu, in the heart of the Great Bear Rainforest in British Columbia, Canada, and one from Maui Nui, the Hawaiian voyaging center that connects , the realm of spirits, to Ao, the realm of humankind. Despite our distance, we share a passion for the ocean. 

And this week, our eyes are on world leaders gathering in Montreal for the UN Convention on Biological Diversity, also referred to as the 15th Conference of the Parties (COP15). Here, nations aim to establish an agreement to protect and recover global biodiversity, with a goal of agreeing to ensuring 30% of Earth is effectively protected, so that nature can continue to support life on Earth.

According to Kumulipo, the Hawaiian creation chant, the first living beings came from the ocean—coral, urchins, seaweed, fish, sea birds, sea turtles, and jellyfish—before any life could thrive on land. Earth is often referred to as the blue planet, and the ocean is home to twice as many major groups of species as exist on land. Ocean plankton produce more than half of the oxygen we need to breathe.

And yet, against a backdrop of green in Montreal, the blue is again at risk of fading into the background. The ocean is often an afterthought in international meetings and negotiations, and at COP15 some nations may be pushing to reduce the protection target for the ocean below 30%. Devaluing the ocean in this way would disrespect indigenous peoples and run counter to the conference’s theme of expanding indigenous-led conservation worldwide. 

Long before the western scientific world came to terms with how climate change and rapid biodiversity decline was changing our planet, indigenous leaders have seen and felt those changes. We have known that the protection of marine ecosystems was of vital importance, and indigenous coastal peoples have cared for these waters since time immemorial. 

That is why we call for the ocean to have a voice in the room, and for negotiators to commit to safeguarding at least 30% of the global ocean – including the high seas, the waters beyond the territory of any nation – in strong and effective marine protected areas (MPAs) and other conservation areas, where environmentally damaging activities don’t take place. 

Science shows us that well designed, effectively managed, and highly protected MPAs are one of the best tools to protect ecosystems, help them adapt to climate change, and restore ocean health. A perfect example is the Papahānaumokuākea Marine National Monument, where protections have been proven to produce more fish and marine life, replenishing nearby areas and rebuilding depleted fish stocks.

The negotiation of the Global Biodiversity Framework must also respect the UN Declaration on the Rights of Indigenous Peoples, which recognizes the deep knowledge and wisdom of Indigenous peoples. Indigenous people have knowledge, science, and understanding that is not only valuable but is vital to the survival of Turtle Island and Island Earth. And with an estimated 80% of the remaining biodiversity found on lands and waters stewarded by Indigenous Peoples, according to a recent study, the world needs Indigenous leadership. 

Already, across the world, Indigenous communities have been establishing Indigenous Protected and Conserved Areas and guardian programs to stop the biodiversity crisis in its tracks and contribute vital climate solutions. The recently established Gitdisdzu Lugyeks Indigenous MPA was self-declared by the Kitasoo Xai’xais Nation and includes comprehensive monitoring from Indigenous guardians that have been empowered to enforce and manage the area. And on Friday, representatives from Canada’s First Nations and the Federal government set a new standard by announcing the world's first national Indigenous guardians program—the kind of leadership we hope will continue as the global biodiversity framework is negotiated.

A bright and blue future is possible: by highly protecting 30% of the ocean by 2030, a recent global study found, we could restore ocean health as soon as 2050. But agreement on a strong Global Biodiversity Framework—one that includes commitments for meaningful protections of at least 30% of the global ocean through a fair and equitable partnership with Indigenous Peoples—is a starting point, not the end goal. Once COP15 draws to a close, the real work must begin to deliver on these commitments and halt and reverse the decline in ocean biodiversity and restore healthy oceans for generations to come. Indigenous peoples are ready to show the way, but the rest of the world must follow.

 

(*) Solomon Pili Kaho’ohalahala is a seventh generation native Hawaiian descendent, kupaʻāina, from the small island of Lānaʻi. He serves as the Papahānaumokuākea Native Hawaiian Elder on the Reserve Advisory Council and as the Chair of the Hawaiian Islands Humpback Whale National Marine Sanctuary. He was elected to and served in the Hawaiʻi State Legislature for five years and the Maui County Council for six years. In 2011, he organized and established the Maunalei Ahupuaʻa Community Mauka-Makai Managed Area to enable and empower in the community, especially the youth of Lānaʻi, to become stewards and keepers of their surrounding nearshore waters, the mauka ridge to makai reef lands, and the fragile natural and cultural resources there.

(*) Chief Doug Neasloss is the elected chief of the Kitasoo Xai’xais Nation Council and the Nation’s Stewardship Director. Under his leadership the Kitasoo Xai’xais have demonstrated incredible leadership and innovation in their role as stewards and protectors of their territories, and the Nation has a long track record as a trail blazer in the field of Indigenous stewardship. Building on their successes, the Kitasoo Xai’xais have a stewardship vision, with ambitious goals for conservation including increasing land and marine protections, enhancing the Nation’s research programs on wildlife and ecosystems, and increasing the Guardian Watchmen presence within the Nation’s territories, which span nearly 4,000 km2 on the central coast of British Columbia.

 

 


 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y  EFEverde

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